Mi válvula de escape: Por qué la naturaleza (y mi cámara) me salvan la vida

15 mayo 2026 - El Enfoque Nette - Comentar -

Hay días en los que el ruido del mundo se vuelve demasiado fuerte. Agendas llenas, notificaciones que no paran, la prisa constante de la rutina... 

Seguro que sabes de lo que te hablo. En esos momentos en los que siento que la mente se satura, tengo un remedio infalible, mi terapia particular: meter la cámara en la mochila, meter un bocata en la mochila y perderme un día entero en la naturaleza. Para mí, salir ahí fuera no es un simple pasatiempo o una forma de buscar localizaciones. Es, literalmente, lo que me salva. Cuando me rodeo de fervenzas, montes ,escucho el agua de los ríos correr o siento el viento en la cara, el ritmo de mis revoluciones y mi respiración cambia. 

La naturaleza no tiene prisa, no compite con nadie y no finge ser lo que no es. 

Y ahí es donde entra mi gran pasión.

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Volver a la raíz:

En mi día a día trabajo con fotografía corporativa, de producto... proyectos donde hay objetivos que cumplir y una estructura. Me encanta, disfruto enormemente potenciando la imagen de marcas y negocios. Pero cuando salgo al monte o a la costa con mi cámara, las reglas cambian. No hay un guion. Solo estamos el entorno, mi mirada y yo.

Pasear por la naturaleza con la cámara me obliga a hacer algo que a menudo olvidamos: ESTAR PRESENTE.


  • Aprender a mirar de verdad: Ya no voy corriendo de un lado a otro. Me detengo a observar cómo incide la luz de la tarde entre las hojas, el movimiento impredecible de un animal o la fuerza texturizada de una roca.
  • Capturar la autenticidad: La naturaleza es el escenario perfecto para mi filosofía. Es la vida pura, sin artificios ni poses imposibles. No puedes pedirle a una ola que pose, ni a una nube que cambie de postura. Tienes que adaptarte tú, fluir y esperar el momento efímero.
  • Encontrar el equilibrio: Cada vez que pulso el disparador en mitad del bosque, es como si soltara un poquito de estrés. Es mi manera de respirar hondo.

La belleza de lo imperfecto y lo real:

Al final del día, cuando regreso a casa con las botas llenas de barro, el pelo revuelto y el cuerpo cansado, reviso las fotos en el ordenador. Muchas de ellas quizás nunca formen parte de un catálogo comercial, pero tienen algo mucho más valioso: alma.Tienen la verdad de un día vivido a mi ritmo, bajo mis propias reglas.

Hago este trabajo porque me apasiona la imagen, pero sobre todo porque me apasiona la vida en su estado más honesto. Y para poder captar la esencia de los demás en mi trabajo diario, primero necesito recargar la mía propia entre los árboles y las montañas.Y tú, ¿cuál es ese lugar o esa actividad que te salva cuando necesitas desconectar del mundo?

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